
Se trata de la avenida más popular y conocida de Barcelona. Con su gran acera central y sus caminos laterales, permite el paseo a miles de visitantes que son a la vez actores y público de este gran espectáculo ciudadano. Convertida en vía urbana a lo largo del siglo XVIII, destacan en ella el Gran Teatre del Liceu (la Ópera de Barcelona), el Palau de la Virreina (La Rambla, 99) o la antigua iglesia de Belén (esquina con la calle Carme). Siempre repleta de turistas, se desliza desde la plaza de Catalunya hasta la entrada al mar por el lugar donde se encuentra el monumento dedicado a Colón.
RECOMENDACIONES: dejarse llevar, poco a poco, por la marea humana que suele llenar su paseo central donde se ubican gran cantidad de quiscos de prensa, de flores y de pájaros, así como un amplio conjunto de artistas espontáneos que representan estatuas humanas. En la misma calle hay hasta tres estaciones de metro (Línea 3).
El punto más elevado de la Rambla, fronterizo a la plaza de Catalunya, recibe el nombre de Canaletas. En el se encuentra la famosa fuente, cuyas aguas actúan como un talismán: se dice que todo aquel forastero que bebe de ellas volverá sin duda a la ciudad. Normalmente, suele haber corrillos de gente alrededor y es el escenario habitual donde se celebran los grandes éxitos deportivos del F.C. Barcelona. A la altura del número 135, aproximadamente.
Este templo del siglo XVIII es uno de los pocos de estilo barroco de Barcelona. Casi intacta por fuera, el interior original fue destrozado por las llamas al inicio de la Guerra Civil. Rambla dels Estudis, 107.
En el año 1977, uno de los grandes pintores y escultores catalanes de renombre universal, Joan Miró, legó a la ciudad un mural de su creación representado en el suelo de la Rambla, cerca del Liceu y del Pla de la Boquería. A la altura del número 51, aprox.
Inaugurado el 4 de abril de 1847, este amplio complejo artístico constituye el “palacio de la ópera” de Barcelona, por el que han pasado los grandes de la lírica universal. A finales del siglo XIX, en época de convulsiones sociales, fue objeto de un grave atentado anarquista. El actual edificio se reconstruyó y amplió después de un incendio que el 31 de enero de 1994 había convertido en ruinas gran parte del teatro. Acoge en su seno su Conservatorio. La Rambla, 51-59.
Bajando por las Ramblas a mano izquierda, poco después de la calle Ferran, encontramos esta emblemática plaza porticada del siglo XIX con fachadas neoclásicas, farolas diseñadas por Gaudí y unas características palmeras. Un ramillete de animados restaurantes, bares y clubes se suceden bajo los soportales.
Levantado también con motivo de la Exposición de 1888 y como símbolo de la vocación marítima de la ciudad, se encuentra al final de la Rambla y recuerda al descubridor de América. En su interior alberga un ascensor cilíndrico que traslada al visitante hasta un mirador donde pueden contemplarse impresionantes vistas panorámicas de Barcelona. La Rambla-Passeig de Colom.
Se trata de la más veterana de las atracciones náuticas de la ciudad, un conjunto de embarcaciones de recreo que funcionan desde la Exposición Universal de 1888. Ofrecen dos recorridos: el tradicional, con una duración de 35 minutos y un paseo por las aguas del Puerto hasta el Rompeolas; y el que saliendo del Puerto navega a lo largo del frente marítimo de la ciudad hasta la zona del Fòrum. En este caso el paseo se alarga hasta una hora y media. Salidas: al lado de la Rambla de Mar y la estatua de Colón.
LA CURIOSIDAD: Andersen y la inundación de la Rambla: Desde el antiquísimo Hotel Oriente de la Rambla, el famoso escritor de cuentos danés Hans Christian Andersen contempló el 15 de septiembre de 1862 unas espectaculares inundaciones que destruyeron esta arteria ciudadana. En la fachada del actual hotel, una placa conmemorativa recuerda el hecho. La Rambla, 45-47.